jueves, agosto 8

Un día me dijiste: ‘me llama el vacío’, mientras mirabas el lago desde el precipicio, yo miraba el reflejo de tus ojos en el agua, y te vi



-A veces me llama el vacío -dijo-, y pensé que me iba a mirar a los ojos y que me iba a abrazar después, pero su vista descendía por el acantilado como una gota de agua resbalando. Me senté al lado, y sentados miramos hacía abajo, vacío.
-Saltar y perderme -decías- y te asomabas al borde.
Y así los días, y así morimos.
Un día llovió y fuimos una gota juntos.
Un día vacío.

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